Decoración y Arte: Una pareja no siempre bien avenida

Decoración y Arte: Una pareja no siempre bien avenida

Una visión actual de la decoración y el arte

En el mundo del arte, considerar las obras artísticas como un mero adorno resulta poco menos que un anatema.

 Al menos en los últimos decenios se ha impuesto esta tendencia

De hecho calificar una obra de arte como decorativa no es precisamente un elogio según en qué sectores del arte se pronuncie esa frase dirigida hacia una obra y/o artista.

Cuestión cuanto menos curiosa cuando la mayor parte del gran arte colgado en los museos más prestigiosos del mundo ha tenido como origen una finalidad ornamental a lo largo de la historia.

El arte durante siglos, por no hablar de milenios, ha sido utilizado para decorar espacios privados o públicos.

Hay una larga tradición que va desde los frescos de la Domus Aurea de Nerón hasta el mural que Peggy Guggenheim encargó para su apartamento neoyorquino a Jackson Pollock y que fue el germen del expresionismo abstracto.

Declarar que el arte decorativo es un mal arte resulta cuando menos pretencioso, cuando no simplemente inexacto.

Arte e Interiorismo

Las posiciones desde el mundo del arte sobre su uso en la decoración 

Es habitual encontrar en las revistas de interiorismo artículos en los que se nos aconseja cómo colocar los cuadros o esculturas para realzar un espacio arquitectónico insulso para transformarlo en un sitio especial.

Una obra de arte suele suponer un buen colofón para ensalzar la labor de cualquier profesional de la decoración o del interiorismo.

Pero este hecho, que es visto por algunas personas que viven alrededor del mundo del arte como una oportunidad, es valorado muy negativamente por otros.

¿Podemos considerar el arte como un simple elemento decorativo? ¿O elegir un cuadro porque combina con nuestras cortinas o muebles? 

  • Esto provoca que haya un frente de opiniones que consideran la decoración como una herramienta útil para acercar al gran público al arte, incluso al coleccionismo del arte.
  • Otros advierten del peligro que conlleva analizar el arte hasta el punto de que se elija una obra u otra no por el valor artístico de la misma sino por lo bien que combinan con el color del sofá o las cortinas.

Este concepto negativo en el mundo del arte decorativo puede proceder de lo que algunos entienden por arte actualmente y que no atiende únicamente a los gustos estéticos y visuales, sino más bien a un mensaje en un contexto socio-político.

Mientras que el arte decorativo atendía, y casi podemos decir, que atiende a unos gustos estéticos y de placer visual o emocional.

¿Esto quiere decir que el arte decorativo tiene que ser necesariamente un arte de segunda?

En nuestra opinión no

La escuela de la Bauhaus revolucionó el arte, la arquitectura y el diseño ayudando a difundir muchos de los planteamientos del movimiento moderno, y buscando la relación entre arte y diseño. 

Pero sí es cierto que al menos a día de hoy existen diferencias entre el arte y la decoración, así el objetivo de la decoración es siempre embellecer espacios y el del arte no necesariamente implica embellecer y a menudo sucede todo lo contrario con el arte en la actualidad.

Cierto es que muchos coleccionistas comienzan en este mundo del arte pensando como embellecer su casa pero cuando avanzan en el mundo de la compra de arte, se dan cuenta de que el arte es otra cosa, algo que sirve para vivir y también para diferenciarse de otros.

Esta corriente afirma que normalmente son las obras más duras, con las que resulta más difícil convivir, son las que más nos hacen vibrar y las que más perduran en el tiempo y en la memoria.

El arte en la decoración

¿Cómo se ve desde el interiorismo esta convivencia entre arte y decoración?

Muchos diseñadores, interioristas o decoradores buscan en la obra de arte un elemento que realce su trabajo final.

En ocasiones el diseño puede inspirarse en la obra de arte, en otras se busca la obra que complemente ese diseño llevándolo a otra dimensión.

Muchas veces el artista no ha creado esa obra con ninguna función ornamental, pero el ojo del decorador o interiorista es el que le lleva a ver que esa obra encaja perfectamente con el diseño que ha planteado.

Aún cuando el artista durante el proceso de creación nunca haya pensado en su obra como algo ornamental.

El arte es a veces una herramienta política y de reflexión y a veces una vía para disfrutar del placer de contemplar algo hermoso.

Ambas concepciones son válidas y a veces complementarias y no tienen por qué ser excluyentes.

En Estados Unidos está empezando a desarrollarse una rama de decoración de interiores que basa sus proyectos en torno a la colección de arte del propietario. 

En vez de utilizar el arte como elemento para decorar y acabar una casa, se trata de plantear todo el diseño de un espacio arquitectónico en torno a la colección de arte del propietario.

Toda la decoración se hace girar en torno a las obras de arte y su perfecta integración en el espacio diseñado para el coleccionista.

No debemos olvidar que los coleccionistas no necesariamente ubican sus obras en los espacios físicos que habitan. 

Es más, no es descabellado considerar que solo puede llamarse a alguien con propiedad coleccionista cuando ya no tiene dónde colgar sus piezas y debe hacer uso de almacenes para conservarlas adecuadamente.

Proyecto de interiorismo o decoración

Ciertamente la convivencia de arte y decoración no siempre es fácil.

Desde el punto de vista del interiorista o decorador no siempre es fácil introducir en las obras de arte a un cliente, que puede opinar que el interiorismo de su espacio finaliza cuando se coloca la última cortina.

Se requiere un cierto aprendizaje para que el cliente valore la aportación que hace una obra de arte le brinda al espacio en el que se va a ubicar, pero si esa obra de arte además es de calidad, ciertamente lo hace de una forma maravillosa.

Y en este sentido no nos queda más remedio que estar de acuerdo con Oliva Arauna que nos aporta el elemento clave para entender la disyuntiva del arte como elemento decorativo:

“El buen arte no es el que te hace juego con el sofá, sino más bien el que te impide poner el sofá”.

Pese a todo podemos decir que el arte y la decoración se encuentran ligadas desde sus principios y han evolucionado en paralelo.

Una de las grandes pesadillas para un amante del interiorismo que reciba en su casa a una visita es que el invitado le diga: "yo tengo la misma estantería". 

Confiar al arte los elementos más destacados de una composición, asegura ese componente de exclusividad que muchas veces se busca en la decoración. 

Un cuadro, una escultura o un mural dotan a una estancia de personalidad, carácter y originalidad.

Para el decorador una obra de arte siempre es una aliada. Una obra de arte tiene la capacidad añadida de transmitir emociones y atraer al espectador.

Por lo tanto para el interiorista o decorador una obra de arte siempre es la guinda perfecta que determina el trabajo creativo y le aporta además de belleza al espacio que se ha diseñado, exclusividad.

Puede decirse que ambas son disciplinas diferentes, con objetivos diversos pero que en cierto sentido están condenadas a entenderse y a ser complementarias.

Amplitud de miras y creatividad serán necesarias para integrar la obra de arte en el trabajo de decoración pero el resultado siempre va a valer la pena.

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